miércoles, 25 de marzo de 2015

¿COLEGAS O CLIENTES?

Lo primero de todo: cualquier persona con inquietudes artísticas (y aquí englobo la escritura, la pintura, la escultura, y cuantos etcéteras queráis) es digna de admiración. Todo cuanto se apoye este tipo de iniciativas es poco ya que el mundo de la cultura nunca será suficientemente amplio, nunca habrá suficientes Cervantes ni Leornardos da Vincis. Y si no, sólo tenéis que mirar el twitter de Mujeres y Hombres y Vicieversa.
Dicho esto, vamos al turrón.
El título de este post es ¿colegas o clientes?, o mejor: ¿hacemos juegos para nuestros colegas o para nuestros clientes? Porque estaríamos hablando de dos cosas absolutamente dispares. Tanto como la diferencia entre ir a comer a un restaurante o invitado a la casa de un amigo.
                Si yo hago un juego para mis colegas, lo hago de buena fe, porque me apetece, cuando me apetece, con la única intención de compartirlo con ellos, jugar con ellos. Un viaje a la copistería, un puñado de copias grapadas y ale, a echarse unas risas. Evidentemente, se hace de forma desinteresada y sin cobrar un duro a cambio. En este caso, cualquier muestra de agradecimiento es de agradecer, así como cualquier crítica se consideraría una falta de educación (¿o acaso criticas los regalos que te hacen, pedazo de desagradecido?).
                Sin embargo, pongamos que sí quiero recaudar dinero por esto mismo. Si pretendo cobrar, aunque sea un céntimo, entonces estoy trabajando para mis clientes. Si quiero que los demás me den dinero a cambio de lo que voy a producir necesito cuidar muy mucho lo que voy a producir. Si es un libro (un juego de rol), ha de estar bien escrito: sin faltas de ortografía ni errores semánticos o sintácticos. No puede haber ninguna incoherencia textual, debe ser claro y fácil de entender por todos, y tiene que molar. Además, deberá tener una portada y contraportada, una maquetación, un diseño interior, cumplir plazos de entrega y todas las características (y casuísticas) que le son inherentes. En este caso, soy yo el que da las gracias por comprar mi producto. En este caso, sí que estoy obligado a recibir cuantas críticas, constructivas o no, reciba mi trabajo.
Preguntaos esto: ¿por qué nadie iba a pagarme por un producto que adolece de calidad? Dejémonos de gilipolleces de una vez, señores, que ya somos grandes. En el momento en el que estás cobrando por algo adquieres un compromiso con aquel que te paga que poco o nada tiene que ver con el “buen rollismo”, o el “amiguismo”. ¿A alguien le preocupa que Alfaguara o Planeta De Agostini vayan de buen rollo? Claramente no. Se le pide un estándar de calidad y se paga por él. Fin del asunto.
¿Cómo va a ser lo mismo poner una peli en la casa de unos colegas que comprar una entrada en el cine? ¿Cómo va a ser lo mismo pedirle a tu padre que te lleve en coche a coger un taxi?
Si no te consideras profesional, si quieres ir de buen rollo, si quieres llevar a cabo un proyecto para tus colegas… entonces no cobres, cojones. Si lo haces, entonces atente a las consecuencias, sal de tu zona de confort y entra en el mundo real. Puede que triunfes o puede que fracases, pero no llores joder, échale dos huevos.
Pero qué a gusto me he quedado, pardiez.

P.D. Lo de los tacos es por estar leyendo a Arturo Pérez-Reverte más de la cuenta. Pido disculpas.