lunes, 21 de julio de 2014

USOS Y COSTUMBRES

La ley es un tanto peculiar en Puerta de Tanhauser, no en vano el Rey Liche es el gran impulsor del libre comercio y amante del capitalismo. Tanto es así que ha instaurado un singular modelo de estado: la monarquía privada. No obstante, por rimbombante que pueda sonar el nombre, no es más que un lavado de cara al sistema feudalista de toda la vida: la clase alta controla los medios de producción mientras que la clase baja debe pagar por usarlos. Si bien es cierto que conceptos como el derecho de nacimiento o las castas ya no gozan del valor de antaño, sí que sigue habiendo una élite oligárquica que maneja los hilos desde la cumbre. El Rey, junto con sus casas nobles de confianza, dominan Puerta de Tanhauser con total impunidad.
                Pero veamos algunas de las normas más simpáticas a las que debes de atenerte. Por ejemplo, la Ley de agresión. Ésta nos dice que es tu deber defenderte ante cualquier tipo de agresión, ya sea física o mental, incluyendo en ésta última las calumnias, insultos y ataques psíquicos o mágicos. De este modo está perfectamente justificado abrirle la cabeza a quien te llame gilipollas, pero a la inversa, no puedes denunciar a quien te pegue un tiro por la espalda, ¡era tu obligación haberte defendido!, ¿recuerdas?
                La siguiente en importancia seguramente es la Ley del saqueo y la existencia del FOGARE. El saqueo es legal en Puerta de Tanhauser siempre y cuando entregues a la corona el 40% del botín; es decir, puedes entrar por la fuerza en el cubil de cualquier capullo y robar cuantos cofres encuentres siempre y cuando le des una parte al Rey, de no hacerlo, entras como deudor en el Fondo de Garantía Retributiva (FOGARE). Nadie puede denunciarte si matas a quien oponga resistencia acorde con la Ley de agresión, pero sí pueden denunciarte por robo. En este caso la víctima tiene derecho a retribución, de modo que entra en el FOGARE como acreedor. Periódicamente el Liche emparejará acreedores y deudores, emitiendo un dictamen con una duración determinada (pueden ser horas, días, o semanas) durante la cual el acreedor puede saquear con total impunidad al deudor seleccionado. Con esta fórmula, es más que habitual que damnificados se cobren su venganza ante tipos que previamente no habían alzado la mano contra ellos sino contra otros, generando así una maraña de rencores y enemistades que no propicia otra cosa más que altercados y agresiones al margen de la ley.
Yo robé a ese enano, a ese enano le dicen que puede vengarse robándole a aquél orco que previamente había saqueado a un elfo, y ahora mandan al elfo a que me ataque a mí. No me caéis bien ninguno.

(Continuará)

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