miércoles, 2 de julio de 2014

CÓMO SER ORIGINAL Y NO MORIR EN EL INTENTO

Ya está todo inventado. Seguro que habéis oído ésto muchas veces pero os aseguro que no es un tópico. Homero lo inventó todo, en cuanto a literatura se refiere. En su Ilíada se desarrollan todas las tramas habidas y por haber: romance, aventuras, batallas, venganzas, intrigas, terror, etcétera, etcétera, etcétera. Todo lo que ha venido después, salvando las distancias, no han sido más que repeticiones. Emulaciones. Qué coño, plagios, decidlo clara y llanamente.
                Entonces, si ya está todo inventado, si Shakespeare y Cervantes ya tenían que lidiar con el mamón del griego éste, con los “clásicos” de verdad, ¿cómo consiguieron innovar? ¿Qué fórmula secreta tenían ellos que no tenemos nosotros? Pues para qué os voy a engañar, no tengo ni idea. No soy ningún oráculo, Dios no me ha iluminado y no bajo de las estrellas para imponer a este mundo mi cultura superior. Lo que sí soy es observador, y observado el cine de Tarantino veo que no hace falta tener ideas propias para ser original. Veo que el tipo que inventó la escoba no hizo más que juntar un palo con un cepillo… y no creo que pagara derechos de autor.
                Así que, siguiendo en esta línea de pensamiento llegamos a la fantasía épica. Joder, ¿podría estar más trillado el tema? Con el Señor de los Anillos se rompió el molde. Claro que luego tenemos Canción de Fuego y Hielo. ¿Ambas son fantasías medievales? Entonces serán lo mismo, ¿no? 
O mejor, hablamos de la ciencia ficción: Star Wars, Star Trek, Galactica… ¿todo lo mismo? Ejem… Bueno, dejémoslo.
                Supongo que, al final, todos buscamos algo nuevo pero que nos recuerde a aquellas cosas que ya conocemos y nos gustan. Yo lo veo como cocinar. Coges los ingredientes, que son los mismos para todo el mundo, pero en función de cómo los mezclas, el fuego que le pones, el tiempo de cocción… así sale como resultado un plato u otro.
                El witchpunk es mi plato, y The Gift el primer entrante.
Veréis, hace tiempo que pensé una forma diferente de afrontar la fantasía quebrando algunas de las “leyes” que hemos aceptado de base tan sólo porque se nos presentaron así. El primero que llega a un sitio, como hizo Colón con América, planta la bandera y pone sus condiciones. Con la fantasía pasó eso, se nos presenta la visión particular de un autor y automáticamente el resto copia la fórmula con más o menos atino, añadiendo y quitando más o menos cosas en función del gusto del chef.
                ¿Cuánto de original tiene el witchpunk? Tanto como seáis capaz de imaginar. ¿Y The Gift? Bueno, ¿qué tal si empezamos por decir qué es lo que no tiene de original? El sistema de juego. Eso no tiene prácticamente nada de nuevo. De hecho, la idea es que le suene a tanta gente como sea posible porque uno de los fallos que han tenido los juegos de rol ha sido el de ir cada uno con su sistema. ¿Es o no es verdad? ¿No es un coñazo tener que aprenderse un compendio de reglas distintas cada vez que quieres echar una partida a un juego?
                Sin embargo los del D&D piensan con la cabeza y en su versión 3.5 deciden liberalizar las reglas. ¿Por qué? Porque saben que el dungeon no se fundamentaba en el D20. La gente no compraba sus libros básicos, sus expansiones, sus manuales de jugador, de dotes, de conjuros, de clases de prestigio y todo cuanto pusieran a la venta porque el sistema de juego fuera cojonudísimo. La gente lo compraba porque el D&D había plantado bandera. Como lo hizo el Vampiro. Como lo hicieron otros.
                Basándome en esta reflexión decidí que The Gift usaría las reglas del D20, pero con forzosas modificaciones, ya que la magia en el witchpunk no se parece en nada a las demás. Por eso el juego estará bajo la licencia del Open Game License 3.5. He cogido lo que me valía, he desechado lo que sobraba y he añadido lo que me gustaba.

¿Alguna pregunta?

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