jueves, 26 de junio de 2014

REDEFINIENDO EL ROL

Si siempre haces lo mismo no esperes tener resultados distintos.
He leído hasta la saciedad cosas como “el rol está muerto”, “hace falta una revolución”, etcétera. Como buenos españoles que somos, con esto pasa  como con la política: todos señalamos a los culpables pero nadie hace nada por arreglarlo. Pues bien, yo he decidido hacer algo para cambiar el mundo del rol. La primera pregunta que os asaltará será “¿qué vas a hacer?”, y la segunda “¿pero tú quién coño te crees que eres?”
                ¿Queréis saberlo?, porque os voy a decir exactamente quién soy. Soy un no-rolero.
                ¿Habéis visto Tiempo de Matar? Es una peli cojonuda. A la hija de Samuel L. Jackson la violan dos nazis. Salen absueltos y él va con una metralleta al juzgado y se los carga. Lo meten a juicio y el encargado de defenderlo es Mathew McConaughey. La escena que más me gusta es cuando, antes del discurso final, estando en su celda, Samuel L. Jackson le dice a Mathew McConaughey que ellos no son amigos, ni siquiera del mismo mundo. Él es negro, el otro blanco. Viven en barrios distintos, sus hijos van a colegios distintos, tienen vidas distintas. Y por eso lo eligió como abogado. Al ser un abogado blanco sabrá decirle al jurado blanco lo que necesitan oír para absolver a un acusado negro. Esa es su baza, su arma secreta.
                Pues bien. Yo no soy un rolero. No soy miembro de ninguna asociación rolera. No voy a jornadas de rol ni convenciones de ese tipo. No invierto mi tiempo libre en saltar de blog en blog criticando a los enemigos de mi facción ni, por la otra parte, buscando apoyos para mis colegas. No hago campañas de crowfoundings, ni podcast, ni ninguna otra actividad que por cliché se le atribuya al friki medio.
                Soy un tipo normal con intereses normales que, gracias a que de pequeño jugó al HeroQuest y vio por la tele “El rescate del talismán”, se leyó el Hobbit –y luego el Señor de los Anillos- para luego descubrir el warhammer, resulta que al final le gustan los juegos de rol.
Yo viví la época del asesino de la katana. En mi barrio no se podía decir en voz alta uno jugaba al rol. De hecho, en su momento me alejé de la gente que quedaba los sábados por la noche para jugar al shadowrun para irme con la gente que hacía botellón en el parque. Manda güevos, ¿eh?
                De modo que, viniendo del mundo exterior, me asomo a este mundo de roleros y veo una burbuja. Como dicen muchos “un mercado endogámico”. Una industria editorial con recursos muy limitados, incapaces de competir en el auténtico mercado literario. Roleros que hacen juegos para roleros, es decir, para sus colegas. Cuando se autoedita un producto de ínfima calidad, los enemigos corren a criticarte y los amigos a defenderte. Objetividad cero, y lo que es peor, autocrítica cero. Si otro publica su propio juego, independientemente de si es bueno o no, será criticado por aquellos a los que él criticó y defendido por sus simpatizantes. La pescadilla que se muerde la cola.
                No sé si el escribir esto me granjeará enemistades o no, pero antes de que decidáis si me estoy pasando de la raya, si me estoy equivocando, tened en cuenta esto: sea ésta la realidad o no, es lo que parece. Y como me dijeron cuando entré a trabajar en una caja fuerte: “cuando manejas dinero no basta con ser inocente, hay que parecerlo”. Así que seamos sinceros, no descubro América si digo que el mundo del rol, el mercado rolero, los mismos roleros, tienen mala imagen. Os puede gustar o no. Puede que alguien se dé por aludido, o no. Pero yo, que vengo de fuera, os digo lo que veo. Y creedme, lo digo sin acritud ninguna, tan sólo pongo de manifiesto una realidad.
                Entonces, diréis, “ya que señalas lo que está mal, ¿cómo cojones piensas arreglarlo, oh Mesías salvador que quitas el pecado del mundo?” La respuesta es sencilla: sacando los juegos de rol del foso en el que están. Haciendo juegos de rol para no-roleros.
                “¿Y cómo coño se hace eso, listillo?” Diréis.
                Bueno, es lo que voy a intentar con el Witchpunk. Y espero que me ayudéis a conseguirlo. Debemos devolverle la dignidad al rol. Debemos quitarnos las etiquetas. No somos frikis, somos personas. Somos inteligentes, tenemos imaginación, inquietudes. Sabemos pensar por nosotros mismos. Si nunca se creó una tribu urbana para los que jugaban al traga bolas, ¿por qué se sectorizan los que empezaron jugando al Dungeon & Dragons?
                Abramos las puertas del rol. Hagamos que todos jueguen. A fin de cuentas, de eso se trata todo, ¿no? De jugar con tus amigos.

Pues si queréis, si me aceptáis, yo estoy aquí para jugar con vosotros.

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