miércoles, 24 de julio de 2013

Creando Universos

Hay ciertas preguntas básicas que todo diseñador de mundos debe responderse antes de empezar su labor. ¿Qué clase de mundo quiero crear? ¿En qué época están? ¿Como es su planeta, o su sistema solar? ¿Qué carácter quiero darle? ¿Qué ambiente respirarán sus personajes? Y, sobre todo, la cuestión más importante de todas: ¿De qué rollo va?

Si bien no es necesario escribir un ensayo para la enciclopedia Larousse –¿eso sigue existiendo? Qué viejo soy...– sí que hay que tener todos estos puntos presentes.

En mi caso, me encanta la fantasía épica y el cyberpunk, motivo por el cual he fusionado estos dos conceptos –sin quererlo– para crear la singularidad que es el witchpunk.

Durante mis años mozos de roleo, me llamaba mucho la atención cuando, en un contexto medieval fantástico, encontraba un Master –o jugador, daba igual– que siempre decía cosas tal que: "¿Armas de pólvora? Eso no existía en aquél entonces". O cuando hablabas de alquimia, o arquitectura, o medicina y te respondían que "eso no existía". Perdona pero... ¿existían los elfos?, ¿los orcos?, ¿la magia? No, ¿verdad?

Contestaos a vosotros mismos esta pregunta: nuestro planeta actual, el mundo real, ¿en qué época vive? Meditadlo unos instantes. En la actualidad conviven un mosaico de franjas temporales. Aquí, en España, estamos entrando en el s. XXI, pero si te vas a Tokyo ves que van muy por delante de nosotros, podríamos decir que están en el futuro. Si visitas Portugal te das cuenta de que ellos viven en los años 50. Y si te vas a Afganistán, o Mongolia, retrocedes hasta la edad media y más aún. 

Pues esta misma disparidad existirá en el universo witchpunk. La evolución tecnológica se sustituye por la evolución mágica. La magia es la que dicta si una sociedad está más avanzada que otra. Habrá países ricos –primer mundo–, y los habrá tercer mundistas, como ahora. Todo, eso sí, en un contexto medieval fantástico –con ciertas licencias–.

¿Teléfonos móviles? Eso no existía entonces –en el universo witchpunk–, lo que sí existían eran dispositivos portátiles de comunicación telepática. 

Y es que uno se ha de adaptar el mundo a sus necesidades.

¿Captáis la idea?

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